Si tienes en casa una batidora de pie, seguramente te sentirás mas segura o seguro al aventurarte en el tema del pan casero, sin embargo, aunque no lo creas, este gran electrodoméstico no es imprescindible a la hora de hacer pan de masa madre. Recuerda: tus manos son la herramienta más importante. Lo que sí hará falta para tener éxito y lograr los mejores resultados son los siguientes cinco utensilios. 

¡Toma nota!

1. Un frasco de vidrio

No hay cosa tan fascinante como ver crecer tu masa madre, observar cómo a través del tiempo se multiplican las burbujas y destapar solo para maravillarte con el olor… Un frasco de vidrio transparente te permitirá conocer la masa y su evolución, así como tener un control detallado al medir su crecimiento pintando líneas en el frasco. Ahora, la tapa. Tema importante. No es necesario que el frasco cierre herméticamente ya que tiene que haber un mínimo espacio para que el gas producido durante la fermentación pueda salir, de otra manera, podría resultar algo peligroso. Un frasco de tapadera enroscada va bien, siempre y cuando no lo cierres por completo, es decir, muy fuerte. Con que el frasco esté tapado es suficiente. Una tapa de madera que simplemente encaje también funciona, o bien un paño o tela que puedas sujetar con una liga. La idea es que no entren partículas no deseadas que puedan contaminar la masa. Que sea de vidrio es importante ya que no reacciona a olores, es de fácil limpieza y al ser transparente permite ver los cambios que se van produciendo. Y en cuanto al tamaño o capacidad, solo ten en cuenta que no sea demasiado pequeño ni exageradamente grande.

2. La cesta

Conocida en francés como banneton, en alemán como brotform y en inglés como wiker basket o proofing basket. En el mercado puedes encontrar cestas o banetones de muchos materiales como palma, pulpa de madera, plástico, papel, incluso algodón, rafán —que proviene del bambú— o mimbre. Independientemente del material, el tamaño y la forma: circular u ovalada, lo que la canasta aporta durante la segunda fermentación y más allá del valor estético, es esa textura crocante resultante en la superficie del pan. Además de que facilita el movimiento de la masa al horno también ayuda a apreciar mejor el aumento de tamaño de la masa durante la fermentación. Un consejo: lava tus cestas solo con agua y sécalas directamente en el horno, de esta manera prolongarás su vida útil.

3. La cacerola

La cacerola es como un horno pequeñito. La puedes encontrar como horno cerámico, cocotte en francés o dutch oven en inglés. La clave es que sea de hierro fundido. El vapor es vital para que se desarrolle el gluten y la estructura de hierro fundido conserva el calor al cocinar y dora de manera uniforme. La tapa debe encajar a la perfección para impedir que el agua se evapore, reteniendo así la humedad durante los primeros 15 minutos de cocción, no olvides luego destapar para no obtener un pan gomoso y no olvides tampoco antes de hornear tu pan, precalentar la cacerola junto con el horno. Es necesario que esté muy caliente cuando introduzcas la masa. 

4. La cuchilla

Siempre fina y filosa. También llamada bread lame en inglés, la cuchilla nos permite obtener primero, patrones y estilos muy bonitos y segundo, la salida tan necesaria para que el pan respire durante la cocción y no quede con grandes burbujas de aire. Por alguna parte tiene que salir el vapor, ¿no? Algunos panaderos recomiendan emplear siempre una cuchilla curva, pero para empezar prueba con una cuchilla normal. Una vez que nos sintamos cómodos y seguros, podemos intentar con otro tipo de herramientas que nos permitan jugar y experimentar. El scoring o greñado es el arte más arduo de la panadería, pero no por ello es imposible. La práctica es la base de toda maestría. La cuchilla será tu mayor aliada al poner a volar tu creatividad, déjate llevar y poco a poco podrás emplear técnicas más complejas.

5. El horno

Potencia y temperatura. Que tu horno sea fiel. Calor arriba y abajo. Que la temperatura llegue a ser alta y se mantenga, y que cuente con una buena distribución del calor. Un consejo: la mejor forma de conseguir un calor potente y constante en un horno doméstico es invertir en una plancha Celcius, gruesa y de acero; te durará toda la vida. Lo ideal es que tu horno llegue hasta los 300 ºC como máximo, que tenga una luz potente y que la puerta cierre bien.

Si ya cuentas con estas herramientas, ¡manos a la obra! Y si no, en Panina te iremos recomendando tanto marcas como sitios dónde encontrar la mejor calidad a buenos precios en nuestra página de Amazon.