Dentro de unos 50 años nos tocará contarle a nuestros nietos que durante la pandemia del año 2020 la humanidad entera se remangó y nos pusimos a hacer pan en casa, el pan más delicioso y bueno del mundo; todo un descubrimiento. Y seguramente añadiremos que no fue algo pasajero o sujeto a aquella época de locura, cambios e incertidumbre, no. Les contaremos esta historia en la mesa de la cocina mientras esperamos a que el pan que amasamos juntos se termine de cocinar. 

En tiempos de crisis muchas cosas surgen, algunas se ponen de moda, pero pocas se quedan para la posteridad, por una sencilla razón: funcionan y aportan. Es increíble comprobar el brutal boom de búsquedas alrededor del globo durante el confinamiento sobre masa madre, sourdough, levain, pan casero… sin duda alguna aquí hay una pizca de esperanza en nuestra sociedad, de regresar a lo que en un momento fue y se olvidó, a aquello que nos fascinó, que nos alimentó de verdad.

Cuando experimentamos el crecimiento de un ser vivo y nos sabemos partícipes de tal creación, de su cuidado, el empoderamiento nos hierve en la sangre y comprendemos que somos capaces de superar cualquier adversidad. Ante la falta de levadura en los supermercados percibimos la escacez de un alimento básico; una alerta sutil nos hizo reaccionar y aventurarnos a lo desconocido. Tantas y tantas manos experimentadas como no hallaron en la simbiosis de dos simples ingredientes un mundo a rebozar de posibilidades.

Beneficio en todos los sentidos: consciencia, apreciación por la naturaleza, admiración, paciencia, ilusión, aprendizaje, curiosidad, convivencia y conveniencia, reflexión, salud, y la lista podría continuar. Para muchos la experiencia se ha traducido en una actividad terapéutica, para otros, en un nuevo hobbie culinario, sin embargo en definitiva, para la gran mayoría, elaborar pan en casa de manera regular se ha convertido en un hábito que merece la pena cultivar y compartir.

La evolución del pan, ese pan que por siglos le ha dado la vida a nuestra especie, es una imagen literal de la nuestra. Hemos pasado de percibir este producto indispensable como uno más de la canasta sin parar a preguntarnos si estábamos recibiendo todo su potencial, a bajar la velocidad y reconsiderar cómo lo consumimos; y por fin nos hemos dado cuenta de que ese pan puede llegar a ser mucho, pero mucho más que una rebanada blanca y blanda sin corteza, sin ese crujido mágico, sin esa acidez, elaborado con más de quince elementos impronunciables, poco nutritivos y con un empaque cero sostenible.

¡Estamos progresando! Ahora tenemos bien claro que el pan no es un producto más que sale de la industria alimentaria. Ahora encontramos disfrute en la espera. Ahora estamos convencidos de que las cosas pueden mejorar y no solo empeorar. La masa madre es un llamado a la acción urgente e inmediato de repensar nuestros modos de consumo, de alimentación

Aprender a hacer pan de masa madre con nuestras manos nos ha dado herramientas para salir adelante rellenando los huecos de las despensas; el pan hoy en día es símbolo de sustento, seguridad y comfort. MFK Fisher, escritora y gastrónoma estadounidense ya lo decía en 1942, «…el bocado del pan hecho a consciencia, el suave aroma de la manzana asada a fuego lento, a todo ello debemos aferrarnos, en tiempos de paz o de guerra, si queremos seguir comiendo para vivir».

En Panina queremos darte la bienvenida a formar parte de esta comunidad que busca disfrutar, que quiere encontrar mejores maneras de vivir y que comprende el gran valor de las pequeñas cosas.